Conversamos con Pedro Maino, licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, gestor cultural y editor de numerosos libros. Actualmente, se desempeña como curador de la Pinacoteca de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En esta entrevista, Maino narra sobre la influencia de Gabriela Mistral en su vida, comparte sus artistas chilenos favoritos y analiza el impacto de Pinturachilena, una plataforma que ha irrumpido con fuerza en la escena artística nacional.
¿Cómo se ha trabajado desde la Fundación Gabriela Mistral los 80 años del Premio Nobel de Literatura?
La conmemoración de los 80 años desde la Fundación Gabriela Mistral iniciará en octubre que es cuando le informaron a Gabriela que ganó el premio. Nuestras actividades se van a concentrar a partir de esa fecha y se van a desarrollar tanto en Estados Unidos -que es donde están la mayoría de los directores de la fundación-, como en Chile. Dentro de las actividades que tenemos programadas está la publicación de una edición conmemorativa-facsimilar del libro Ternura, publicación casi idéntica a la de 1924.
Sé que has hecho diferentes cosas con Gabriela Mistral a lo largo de tu trayectoria. ¿De qué forma te ha acompañado a lo largo de tu vida?
Lo que me interesa de ella es su versatilidad. La primera aproximación hacia la obra de Gabriela Mistral se concentró precisamente en su poesía, luego uno se entera de su trayectoria como docente, profesora y también como diplomática, que fue extraordinaria. Esas tres versiones de Gabriela Mistral me parecen complementarias y muy atractivas. Además, fue cónsul durante muchos años y los honorarios que recibía no eran suficientes, lo que la obligó a ser columnista y colaboradora de medios de comunicación de manera permanente. Hay mucho material que no ha sido reunido y que revela facetas desconocidas de su trabajo, de su reflexión y participación cultural. A mí me parece que Mistral tiene una densidad y una profundidad que hacen que uno pueda volver sobre ella y encontrar siempre elementos nuevos.
Eres licenciado en literatura, pero también tienes muchos trabajos sobre el arte. ¿Cómo fueron tus primeros acercamientos?
Estudié literatura en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y lo primero que hice fue editar obras completas y reunidas de escritores chilenos: Pedro Prado, Manuel Magallanes Moure, Eduardo Barrios, Genaro Prieto, Augusto D’Halmar, entre otros. Estuve trabajando en lo que había aprendido y estudiado en la universidad, pero en ese tiempo trabajaba en la editorial Origo, en donde empezamos a publicar libros sobre pintura chilena. Ahí tuve oportunidad de visitar colecciones privadas y públicas, entrar en contacto con estas obras y me interesó.
Me parecía que el libro era una excelente forma de que estas obras circularan. Después me interesó evaluar la realización de exposiciones, porque la experiencia de apreciar las obras en directo es vital.
En el marco de mis investigaciones para hacer obras completas de escritores chilenos tuve que realizar búsquedas en los periódicos y revistas de la época, consultar archivos e ir tras la pista de publicaciones perdidas. Sin embargo, existe una manera de sistematizar las obras de los escritores, que facilita la investigación. Pero al enfrentarme a la obra de los pintores me pareció una tarea fascinante, porque está distribuida en cientos de casas, museos e instituciones. Ahí pensé que había una tarea larga por hacer y me embarqué en conocer e investigar la obra de pintores chilenos que están distribuidas en su inmensa mayoría en colecciones privadas.
¿Fue así como nació el portal Pintura Chilena?
Sí, claro. A partir de eso me embarqué en el proyecto con Solène Bergot, que es mi socia, de crear esta plataforma web que se llama pinturachilena.cl, donde publicamos obras de pintores chilenos y extranjeros que ejecutaron obras en el país, de colecciones públicas y privadas de Chile e incluso fuera del país, para que las personas puedan acceder de manera fácil y gratuita.
¿Cómo fue el proceso de búsqueda? ¿Fue algo complicado con algunas instituciones?
Con las instituciones públicas hay unas que tienen un sistema más fluido de trabajo. Me refiero, por ejemplo, al Museo Municipal de Bellas Artes de Valparaíso. El contacto con el museo, con su director, con el equipo de investigadores, facilitó el acceso a estas obras y ellos han sido uno de los principales colaboradores desde el inicio. El Museo Nacional de Bellas Artes también. Pero hay otras instituciones que no tienen el hábito de prestar sus obras o de facilitar el acceso. Ahora, nuestro interés principal está puesto sobre las colecciones privadas, que son las de más difícil acceso. Y ahí, en general, nos hemos encontrado con una recepción extraordinaria. Las personas suelen ser muy generosas de permitirnos ingresar a sus casas, fotografiar sus cuadros y compartirlos con el resto de las personas. Esa red de colaboradores tan grande nos ha permitido poder desarrollar exposiciones y también ir publicando estas obras en la página web.
“El artista que más he estudiado y que me parece extraordinario es Juan Francisco González. Como pintor, como polemista, como escritor, como profesor, una figura muy completa”.
¿Y cómo ha sido la recepción del público?
En términos cuantitativos, las visitas a la página han ido incrementándose progresivamente desde los dos años que llevamos y estamos llegando a las 50.000 visitas mensuales. Nos vinculamos también con las personas a través de las redes sociales y ahí nos hacen observaciones.
Más de 100 personas han colaborado con nosotros, nos escriben y nos dicen: “Pedro, tengo un cuadro de la Aurora Mira”. Y yo le digo, perfecto, envíeme una foto referencial para saber de qué se trata y si la obra coincide y si están en buenas condiciones, nosotros la fotografiamos y la publicamos. Es decir, tenemos una red de colaboradores que nos van informando de las obras que tienen, las que conocen y así vamos enriqueciendo la plataforma. En general, la recepción ha sido excelente. Y también lo que nos ha ocurrido es que se sorprenden, porque las personas que se interesan por la pintura chilena conocen las obras de las colecciones públicas, del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo Baburizza, el Palacio Vergara y la Pinacoteca Concepción, pero cuando uno empieza a mostrarle todas las obras que están en colecciones privadas se sorprenden de la diversidad de géneros que los pintores practicaban, de la cantidad de obras de distintos periodos tan dispares que logran ver de un solo artista.
¿Cuál es tu artista favorito? No solamente por su arte, sino que por su trayectoria y por su vida personal.
El artista que más he estudiado y que me parece extraordinario es Juan Francisco González. Como pintor, como polemista, como escritor, como profesor, una figura muy completa. Gabriela Mistral, por ejemplo, escribió un texto sobre Juan Francisco González que es extraordinario.
Había una relación tensa entre Juan Francisco González y Celia Castro…
En esos años la escena artística era muy polémica. Celia Castro era una discípula de Pedro Lira, y Juan Francisco González tuvo momentos de cercanía y distancia con él. Quizás cuando escribió eso estaba molesto con Pedro Lira y de paso escribió esa pesadez sobre Celia, que es una tremenda artista. Después Juan Francisco González sostuvo discusiones con Onofre Jarpa y con los críticos del diario La Unión de Valparaíso. Son unas polémicas extraordinariamente graciosas, porque ahí estamos hablando de la década de 1880-1890.
Juan Francisco González vivía en Valparaíso, hacía clases en el liceo de la ciudad y se dedicaba a recorrer las caletas, los cerros y a hacer pinturas de pequeño formato. En ese entonces lo más popular en Valparaíso era la fotopintura, que para Juan Francisco González era como lo antiartístico que podía existir. Se molestaba y publicaba en la prensa diciendo, “yo no me explico cómo hay personas que dicen ser entendidas y que están elogiando un cuadro de Walton que es una foto pintada. No hay nada de arte en eso”. Y le respondían a González que era pintor vagabundo que se dedicaba a andar borroneando frutas podridas, ranchos miserables y ni siquiera terminaba sus cuadros.
Él es alguien que admiro y estoy siempre investigando, pero en la medida que uno va conociendo a estos artistas se interesa todavía más.
En la actualidad nosotros tenemos una exposición retrospectiva de Ana Cortés en la Sala Pinacoteca de la Universidad Católica de Santiago, que fue estudiante de Juan Francisco González. Una mujer que nació en 1895 y que murió en 1998, que llegó a vivir 102 años y estuvo vigente durante todo el siglo XX. Ahí uno se da cuenta de la capacidad de Ana Cortés por estar siempre leyendo lo contemporáneo, ir atravesando los géneros, las técnicas, los estilos, los motivos, entonces en esta exposición reunimos obras tempranas de ella, de la década del XX, cuando era precisamente estudiante de Juan Francisco González. Se pueden apreciar unas flores parecidas a las que él hacía, después de su segundo y tercer viaje a París cambia completamente, entra la nota cubista, el collage. Después vuelve a hacer pintura de paisaje y se entrega a técnicas como el textil, el esmalte. Finalmente se embarca en una pintura abstracta de primer nivel. Entonces, ahí por ejemplo, la Ana Cortés me parece una artista extraordinaria.
Cuéntanos sobre la exposición de artistas húngaros que se exhibe en el CCLC
Inauguramos en la Corporación Cultural de las Condes una exposición sobre Pablo Vidor y otros artistas húngaros, que se enmarca en la conmemoración de los 100 años de relaciones diplomáticas entre Chile y Hungría. Él fue un pintor húngaro que llegó a Chile en 1924 y seis años después fue nombrado director del Museo Nacional. Un tipo que entra rapidísimo en nuestra escena, un pintor también muy versátil, gran retratista, muy buena pintura de paisaje, particularmente de Zapallar donde iba siempre. En esta exposición reunimos más de 70 obras de Vidor, y en ese ejercicio uno puede conocer y hacerse una idea de la calidad y de la envergadura de estos artistas. Así que cada vez que me pongo a investigar sobre alguno me sorprendo. Presentaremos también el jueves 8 de mayo el libro “Artistas húngaros en Chile”, escrito por Carla Badani, quien ha liderado la investigación sobre estos artistas.
Pedro, sé que tú eres un conocedor de nuestra colección. ¿Qué es lo que más te gusta del patrimonio del Museo Baburizza?
Hay una serie de cuadros de Enrique Swinburn que me parecen notables. Es una colección que representa muy bien el tipo de pintura que se practicó en Valparaíso y la diversidad enorme de personas que vivieron y trabajaron en la ciudad. Por lo tanto, esa variante británica del puerto de Valparaíso está muy bien representada por las obras de Somerscales, Helsby y Swinburn. Después tienen obras de Juan Francisco González y Ana Cortés que son extraordinarias. Además, es el único museo en Chile que destina salas especiales a estos autores.
También me interesa particularmente la obra de Camilo Mori, que es un artista que he investigado mucho, que soy cercano a la familia y que tuvo un rol muy importante en la refundación del museo junto a Augusto D’Halmar. Y este conjunto de artistas húngaros, que es súper raro, pero Valparaíso la tiene, la exhibe y la difunde. Por lo tanto, me siento en deuda con el museo, no solamente por la experiencia que supone visitarlo, sino porque siempre han tenido la disposición para colaborar en todas las publicaciones en las que he participado.
“Yo creo que el Ministerio de Cultura y también los privados tienen que apostar por eso. No seguir abriendo museos en Santiago, sino apostar por regiones sin importar el flujo que puedan estimar al principio”
¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante de trabajar en el mundo de la gestión?
Trabajo en estos asuntos porque me interesan y me apasionan. Cada proyecto supone investigar, conocer y descubrir cosas que me encantan. En este ambiente, tienes que enfrentarte siempre a una cierta escasez presupuestaria, pero cuando ya la conoces, no te quejas. Lo que he aprendido y he disfrutado es que para que estos proyectos resulten, uno tiene que armar una red de colaboración grande. Lo vital aquí es el rol que ejercen cada una de las personas que trabajan en nuestro ecosistema. A veces uno puede llegar a desarrollar proyectos con muy poco presupuesto porque dispone de las personas adecuadas para acceder a las obras y para poder hacerlas circular.
Lo más satisfactorio es que he podido trabajar cerca de 15 años desarrollando una serie de proyectos diversos y que a partir de cada uno de ellos he podido conocer gente e instituciones que hacen cada vez la tarea más sencilla y atractiva.
¿Qué rol crees que deberían tener estos espacios culturales en la descentralización del arte y el acceso a la cultura en Chile?
Hay personas en Santiago que me dicen, Pedro, yo quisiera conocer una obra de Rugendas. Y yo les digo, mira, lamentablemente en Santiago no hay ninguna para ver, así que tendrías que ir a Valparaíso. Esa es la situación del acceso a cierto tipo de pintura en Chile, que no hay exhibición. Hay personas que me dicen, Pedro, quiero ver obras de Juan Francisco González, donde tú puedas ver una mayor cantidad de obras de Juan Francisco González es en Valparaíso. Y después tienen que irse a Viña, porque el Palacio Vergara de Viña también tiene una muy bonita colección exhibida de manera permanente. A mí me parece que hoy día el Museo Nacional posee la colección más grande, no solo de pintura, sino la colección artística más grande, pero debería incrementar la circulación de sus obras por espacios regionales. Eso es lo más importante. Santiago está sobre equipado en términos culturales. El crecimiento cultural debe estar destinado a regiones.
Y por ejemplo, si tú ves el caso del teatro de Frutillar, que cuando se anunció ese proyecto a muchos les parecía absurdo que se hiciera una inversión de esa envergadura en un pueblo tan pequeño. Finalmente se transformó en uno de los teatros más importante de Latinoamérica y genera que las personas visiten el lugar. Ese tipo de proyectos hay que empezar a promover, que van a tener un mayor impacto en sus territorios y en sus comunidades, y van a diversificar el acceso. Yo creo que el Ministerio de Cultura y también los privados tienen que apostar por eso. No seguir abriendo museos en Santiago, sino apostar por regiones sin importar el flujo que puedan estimar al principio, porque tú te consideras que en Santiago hay 7 millones de personas, pero también tiene un abastecimiento cultural mucho más amplio y el impacto que va a tener probablemente sea menor que si abres, por ejemplo, un museo de pintura en Parral. Yo prefiero, y pienso que es mucho mejor para nosotros, abrir un nuevo museo en Parral que seguir insistiendo con salas en Santiago.
