Valores
Entrada adulto general | $3.000
Estudiantes (con acreditación) | $1000
Adulto mayor (+ 65 años) | $1000
Menores de 12 años | GRATIS
Extranjero | $ 4.000 (Incluye servicio de audio-guía en Inglés, Francés o Portugués)
Todas las personas con su Credencial Nacional de Discapacidad, podrán ingresar de manera gratuita, más un acompañante.

El devenir de las artes visuales en Chile durante el siglo XX posee una constante, la permanente aparición de estilos, agrupaciones y movimientos artísticos. El desarrollo de las vanguardias a nivel internacional y su intensa búsqueda por una originalidad identitaria, impactó profundamente en los artistas nacionales.  

Si a esto le agregamos el término de siglo y la celebración del Centenario, se gestó el escenario propicio para el nacimiento de la “Generación del 13”, agrupación de artistas variopinta, tanto en sus personalidades, como en estilos y técnicas. Sin embargo, existen elementos comunes que determinaron de alguna forma la producción plástica de estos jóvenes bohemios. 

Por una gestión directa del gobierno del presidente Pedro Montt, a través de su Cónsul General en España Mathias Huelin, se contrata al artista ibérico Fernando Álvarez de Sotomayor para que se desempeñe como profesor de Colorido y Composición en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, institución en la cual luego ocuparía el cargo de Director. Serían sus enseñanzas las que aglutinarían a estos jóvenes, siendo la primera agrupación de pintores con una conciencia propia de ser un colectivo artístico.

Aquí se dio ese interesante sincretismo entre aquel espíritu renovador, rupturista y en permanente búsqueda de lo propio -encarnado en sus jóvenes discípulos-; con las enseñanzas de un pintor español imbuido por la tradición goyesca y luminista entregada por su maestro Manuel Domínguez Sánchez. La atención de Sotomayor estuvo centrada en rescatar temáticas costumbristas, intención que logró difundir entre sus alumnos.    

La producción artística de la Generación del 13 abordó temas variados, trabajaron el paisaje; los retratos; escenas costumbristas; e íntimas escenas de interiores. Sin embargo, coincidían en ciertos principios, como el trabajo del color; el manejo de la luz; la aplicación de gruesos empastes y con un marcado corte realista. 

Cabe señalar que la mayoría de los artistas de esta generación provenían de una clase media incipiente en el país, dándole espacio a nuevos protagonistas y temáticas en el arte nacional. Esta atención en lo popular tomó distintas soluciones formales en las paletas de estos pintores. Algunos se acercaron a corrientes post impresionistas; considerando la perspectiva existencial plasmada en los lienzos, podemos sostener que hubo manifestaciones expresionistas; pero por la portentosa enseñanza de Sotomayor, otros artistas se apegaron a la tradición romanticista.

Aquel romanticismo se ve potenciado por el origen socioeconómico y cultural del cual provienen estos hijos e hijas de obreros. Plasmaron en sus telas la pobreza, la bohemia, la marginalidad, como motores para su construcción plástica. Esto empapó sus obras de nostalgia y melancolía, sobre todo por la de manera “épica” e “idealizada” con la cual asumían la precariedad y la pobreza, en un Chile que recién escapa de sucesivas crisis económicas internacionales que atrasaron nuestros procesos de industrialización. 

En un recién celebrado Centenario, en el cual el pueblo de Chile abogaba por encontrar su identidad; su sentido nacional; un nicho donde reconocerse; las obras de la Generación del 13 surgen como congruentes reflejos de lo que somos, tal vez, oportunamente. Lo popular se transforma en norma – al menos por un tiempo-, dejando atrás el Academicismo decimonónico tan apetecido por las elites; la aristocracia; los coleccionistas, galeristas y museos. Contra toda norma, ahora lo popular en lo pictórico fue bien recibido, aceptado –ahora disfrutado- por estos grupos que detentaban el poder, e históricamente determinaban que era lo “estéticamente” aceptable. 

Entre sus exponentes podemos encontrar a: Fernando Álvarez de Sotomayor; Agustín Abarca; Enrique Bertrix; Abelardo Bustamante; Manuel Gallinato; Ricardo Gilbert; Jerónimo Costa; Arturo Gordon; Carlos Isamitt; Humberto Izquierdo; los hermanos Alberto, Enrique y Alfredo Lobos; Pedro Luna; Andrés Madariaga; Fernando Meza; Enrique Moya; Ezequiel Plaza; José Prida; Jaime Torrent; Ulises Vásquez; los gemelos Guillermo y Nicanor Vergara. Destacan en la agrupación las artistas Judith Alpi y Elmina Moisan, representantes de las pocas mujeres pintoras que se han abierto paso en un mundo artístico marcado por el machismo y la segregación. 

El Museo Baburizza celebra sus 10 años de reapertura, y para tan importante acontecimiento, hemos aunado esfuerzos junto a la Pinacoteca de la Universidad de Concepción para presentar 35 obras de los artistas recién mencionados, en la exposición temporal “Generación del Trece: una colección, un catálogo y una pinacoteca”.

Esta muestra es una celebración de cumpleaños para el Museo Baburizza, pero también es un ejercicio de puesta en valor y difusión de: “La heroica capitanía de pintores”, como les llamaba Pablo Neruda.

Ese ribete épico otorgado por el poeta a La Generación del 13 se debe a varios factores: son el colectivo que abre el capítulo chileno de la pintura del siglo XX; según la Historia del Arte, son la primera agrupación presente en el devenir plástico nacional; pero además fueron los primeros que, desde la precariedad, la pobreza y la bohemia, tal como verdaderos héroes, surgen con un espíritu crítico, estético y social, para dejar su gran legado para la construcción de las artes visuales en nuestro país. 

 

Javier Muñoz A.

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Museo Baburizza 

“Presencia”

Taller 99 en el Tiempo. El Museo Baburizza inicia su programa de exposiciones temporales 2024 con “Presencia: el Taller 99 en el tiempo”. La muestra reúne trabajos de distintos artistas contemporáneos, cultores del oficio de la gráfica, que hoy crean y representan el legado de sus antiguos maestros. (...)