Valparaíso, mar y cerros

Por Marcelo Pozo

Valparaíso, mar y cerros

Por Marcelo Pozo

“Vamos andando y no estés contando los pasos, las extensas escaleras son vestigios de los boleros que se perdieron, como las voces que se encontraron tantas veces y veces tantas se ahogaron en el tintero. Los viejos por ahí dicen que son cientos los rincones que evocan la historia, la pena y los vientos, la risa y los cuentos, el gran descontento con fuertes lamentos, pero cómo no seguir andando en ti, puerto estrepitoso, celoso y ajuglarado, Valle del Paraíso, del pan batido y el “Araucano”, ¡cómo te ansío y cuánto te imploro! Pancho picante sin razón cual desafío.

“Vamos andando y no estés contando los pasos, las extensas escaleras son vestigios de los boleros que se perdieron, como las voces que se encontraron tantas veces y veces tantas se ahogaron en el tintero. Los viejos por ahí dicen que son cientos los rincones que evocan la historia, la pena y los vientos, la risa y los cuentos, el gran descontento con fuertes lamentos, pero cómo no seguir andando en ti, puerto estrepitoso, celoso y ajuglarado, Valle del Paraíso, del pan batido y el “Araucano”, ¡cómo te ansío y cuánto te imploro! Pancho picante sin razón cual desafío.

En ese momento me levanté y miré por la ventana los volantines, como despidiéndose de sus hilos y grité: ¡se jué!

No era el único, éramos “caleta” amontonados entre tierra y perros vagos, porque así es la cosa, pasión de choros porteños, nostálgicos y poéticos, de pechos baleados y güenos pa´ abrir el tollo.”

En Valparaiso no se puede hablar de pretensiones, no al menos por sobre la ciudad misma. No obstante, he querido plasmar un reflejo personal diario, una aventura visual que me ha atrapado por toda una vida y en la que coexisten distintas sustancias e informaciones, olores, colores, ánimos, climas, misterios y sobrevivencias arquitectónicas que reunen las condiciones multidisciplinarias para ser de esta ciudad, una pieza maestra.

En mis horas de peregrinación he documentado el siguiente material que comprende no solo una muestra de gratitud y observación, sino que también un análisis estricto para un asentamiento y centro social donde convergen ángulos, lineas y trazos, que muchas veces desafían la lógica y al romanticismo poético de querer manifestar el cariño de quien ha podido de forma empírica, observar los sagrados rincones de nuestra ciudad puerto.

El Valparaíso cotidiano es un cuento impredecible que retrata matices de una realidad alegre, a veces distópica, con vestigios de tristeza y rincones que con gritos intentan levantarse para ser vistos desde el centro, es sin duda una realidad de personajes y detalles excepcionales que lucha con sus propias leyes y que invita a quien desee aventurarse en ellas, ser participe y espectador de nuestra paradoja fantástica y surrealista, llamada ciudad de Valparaíso.

Sebastián Vargas Ramos.

AUSPICIA:

Fotografías