Valores
Entrada adulto general | $2.000
Estudiantes (con acreditación) | $1000
Adulto mayor (+ 65 años) | $500
Menores de 12 años | GRATIS
Extranjero | $ 4.000 (Incluye servicio de audio-guía en Inglés, Francés o Portugués)

Un 28 de abril de 1875, nació en un poblado de la pequeña isla Kolocep, Pascual Baburizza Soletic. Pasko Baburica, -nombre que usó durante toda su vida en su país natal-, fue el segundo hijo del matrimonio conformado por Ivan Baburica y Katica Soletic.

Sus años en el Imperio Austrohúngaro estuvieron marcados por el complejo contexto político y social que afectaba en los Balcanes y Europa. Esta situación generó que cientos de familias croatas vivieran duros momentos económicos sin tener posibilidad de progresar. Pasko, con tan solo 12 años, comenzó sus primeros pasos en la vida laboral. Para realizar sus labores se alejó de sus seres queridos y partió rumbo a Dubrovnik y Trebinje, ciudades que tenían gran movimiento comercial.

Tal como cuenta la historiadora Isabel Torres Dujisin en la biografía de Baburizza, “rápidamente entró a la primera etapa independiente de su vida y se concentró de tal manera en el trabajo que pronto comenzó a olvidar que era un niño. Desde muy joven, sin ser un gran operador, ejerció un gran poder de persuasión y acaparó la estima de los que trabajaban con él (…)”.

Es este escenario de múltiples esfuerzos, Pasko Baburica llegó a Chile en 1892 cuando sólo tenía 17 años. Al recalar a tierras chilenas, este joven croata cambió su nombre a español, para que sonara igual al que sus padres habían pronunciado cuando lo bautizaron. Esta señal de adaptación fue una de las principales características de los croatas que llegaron a nuestro país, quienes, sin grandes complicaciones, se quisieron sentir en casa.

En el boom de las oficinas salitreras del norte del país, Pascual Baburizza se desenvolvió en el negocio del abastecimiento de carne y pescado. Al poco tiempo se introdujo en la industria del caliche y luego, al diversificar sus negocios, se involucró en los productos navieros, bursátiles y agropecuario.

Es menester destacar que a pesar de haber construido una de las fortunas más importantes del siglo XX, es imposible no destacar uno de los legados más relevantes de este filántropo: donar su pinacoteca de arte europeo a Valparaíso. Este patrimonio artístico reúne más de 80 obras del S.XIX y S.XX, provenientes de distintas latitudes del viejo continente.

Estas obras de arte son una valiosa y heterogénea colección que permite comprender cómo fue la evolución del arte «clásico» o «academicista», al paso de las nuevas energías renovadoras en el arte, encabezadas principalmente por el Impresionismo y las Vanguardias Históricas.

Hoy, cuando recordamos 146 años de su nacimiento, hablar de su legado es rememorar a un hombre que sin esperar reconocimientos, marcó huella en un país que no lo vio nacer.pas

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