Cuando tenía once años, Montecino (73) conoció la fotografía. Lo que empezó como una entretención para pasar las tardes en Washington, -ciudad a la que emigró junto a su madre y hermano menor-, pasó a ser la gran pasión de su vida. Por su lente han quedado retratados importantes momentos históricos de América Latina, trabajos que lo han convertido en uno de los fotógrafos más importantes del país.

¿Por qué decidió retratar el Barrio Franklin?
Es un cuento más o menos largo. Cuando volví a Chile en el 62 tenía 18 años. Ahí fue cuando me encontré con el Barrio Franklin, pero yo no sabía que era Franklin. Tiempo después, cuando hice la exposición, me di cuenta que había estado en ese lugar. El año 88, cuando regresé nuevamente a Chile, lo encontré casi por azar. Desde ese momento se convirtió en un hábito ir todos los sábados y domingos. A veces iba solo, otras con los niños.

¿De dónde viene el nombre de la exposición?
Viene de una famosa frase de Conde de Lautréamont, que en realidad era un uruguayo que se llamaba Isidore Lucien Ducasse. Él dice en una parte: “tan bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección”. Me pareció que Franklin era eso; encuentros fortuitos de distintos elementos bonitos que se potencian entre sí, y que son muy misteriosos.

¿Considera que hay alguna relación entre Valparaíso y el Barrio Franklin?
Yo no conozco Valparaíso tan bien, pero me imagino que hay barrios similares donde están todos los anticuarios.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente? ¿Qué prepara para el futuro?
La verdad es que no tengo mucho futuro (jaja). En estos momentos estoy en una fase de archivar cosas de mi trabajo, del cual poseo bastante. Tengo casi todo digitalizado y todavía estoy escarbando en el archivo. A mí lo que me gusta más hacer son libros. Las exposiciones las encuentro algo efímeras. Lo bueno que tienen, es que te permiten ver las fotografías como deberían ser, porque verlas en una computadora o pantalla, te da inside, pero no tiene esa fisicalidad.

¿Cómo considera que ha sido el rol de la fotografía en el denominado “estallido social”?
Yo creo que se podría llegar hasta un cierto punto, pero considero que se están repitiendo mucho. Me da la impresión que lo más difícil es sacar buenas fotos, en la Plaza Dignidad o donde sea. No es sacar la foto a otro fotógrafo, ya que hay una inundación de fotos, de las cual el 95% son muy parecidas. Ha llegado un punto de saturación en la fotografía.

¿Qué le parece estar exponiendo la muestra para los porteños y porteñas?
Valparaíso es una ciudad por definición pintoresca y fotogénica. Todos los fotógrafos chilenos han tenido episodios o capítulos en esta ciudad, siendo para mí el más importante Sergio Larraín. Es un privilegio lo que podría convertirse en una especie de centro de fotografía chilena.

A lo largo de este tiempo hemos tenido importantes fotógrafos nacionales en el Museo. ¿Qué le parece que instituciones culturales como éstas, abran sus puertas a la fotografía?
Me parece un honor, y las salas son preciosas. Mi curadora, Andrea Aguad, hizo un trabajo maravilloso, no solo de colgar, sino de curar y seleccionar todas las fotografías.

Por: Tamara Candia Ahumada
Periodista Museo Baburizza