Al ser una mujer provocativa y amante empedernida del arte, la figura de Isabel Rosas no deja indiferente a nadie. A pesar de que se define como una persona extrovertida, prefiere resguardar su identidad. “Si quieren conocer más de mi legado pueden conocer mi espacio. Si quieren conocerme, sólo tienen que cerrar sus ojos”.

¿Por qué Isabel Rosas decidió desembarcar en Valparaíso, específicamente en cerro Alegre?

Decidimos anclarnos en Valparaíso porque nos pareció un espacio armónico y lleno de reminiscencias, donde conviven paradójicamente lo moderno y lo antiguo, lo actual y abandonado. Es un Valparaíso, el del cerro Alegre, que parece haberse detenido en el tiempo, pero sin embargo está jalonado por la implacable actualidad de los días. Valparaíso es un espacio heterocrónico, tensado por flujos de tiempos, siempre creciendo y derrumbándose.

¿Cuál es el objetivo de este espacio? ¿Cómo piensa que será en unos años?

El principal objetivo de este espacio es activarse como un lugar de observación del entorno. Como un mirador para pensar la historia de las formas que navegan en lo que nos circunda. Nuestra galería mira al mar en el horizonte como una metáfora de observación. Se explora con catalejos los barcos que entran a la bahía, deseosos de dialogar y activar conversaciones, encuentros, desembarcos y contaminaciones sígnicas. Isabel Rosas es un espacio dialógico donde la conversación se piensa como mecanismos de intercambios simbólicos entre el afuera y los múltiples adentros del lugar donde se emplaza. No es solo un espacio de exhibición con un programa infranqueable, es un lugar donde se modelan ideas y se transforman en formas estéticas que se exhiben. Creo que nuestra propuesta se irá consolidando con el tiempo y mostrando su eficacia como forma de gestión.

¿Qué rol debería cumplir la cultura en nuestro país y en Valparaíso?

La cultura creemos debiese ser el soporte ético de nuestra vida en sociedad. Debiese ser la viga maestra en la tarea de potenciar imaginarios que nos ayuden a colegir aquella pregunta Barthesiana de “cómo vivir juntos”. En Valparaíso creemos que la cultura, su desarrollo y estímulo deben ser el acervo y la argamasa que pegue y compacte la vida social de sus habitantes para activar una ciudadanía, lúcida, colaborativa, que ponga en valor lo mejor del pasado en perspectiva de un futuro sugerente y amable.

Con su experiencia en el arte, ¿considera que actualmente hay espacio para las Bellas Artes en el siglo XXI, más aún con la pandemia que nos afecta?

Mientras haya pensamiento habrá formas estéticas. Pese a guerras, cataclismos, crisis políticas, hambrunas y dramáticos escenarios, el arte ha sido un doble vehículo de significación. Por un lado, documenta lo vivido, por otro simboliza las batallas por defender la vida. El arte es un retrato de época, pero un repertorio de figuras y palabras también donde se construye el alfabeto necesario para narrar el mañana. El arte es deseo, expectativa, estimulante tensión que articula las posibilidades del futuro, por tanto, es una herramienta de primera mano a la hora de pensar la sobrevivencia de la especie humana por más duro que sea el escenario.

¿Con qué estilo de arte se siente más identificada Isabel?

Con el arte que piensa y cuestiona, con el arte que transfigura los tiempos y los hace desafiantes de encarar. Nos interesa el arte que hace preguntas, que disloca y desnaturaliza los que parece pétreo e inamovible. Nos interesa el arte que desenfoca la mirada para poner en guardia la lengua y el pensamiento.

¿A quién admira Isabel Rosas?

A los grandes creadores del arte universal, pero también a los pequeños que construyen mundos de sentido. Admiramos las formas bellas porque allí está el acervo del mundo. Un mundo vivo, intenso, cruzado de ternuras y brutales violencias. Como lo dijo Benjamín, “todo documento de cultura es un documento de catástrofe”. Esta sentencia señala que el arte no es un mar calmo ni una página en blanco. Es una superficie asediada de materiales, intervenida por temperaturas, que fracturan su lozanía y carácter compacto, escrita y borroneada.

Isabel Rosas admira el arte como operación, como práctica transitiva donde aparece y se van difuminando las marcas y señales de época.

¿Por qué decidió resguardar su identidad?

Porque nos interesa agenciar procesos y poner en movimiento cadenas de sentido. Entendemos lo cultural como una permanente acción y restauración de superficies sensibles donde otras vidas han puesto en juego antes sus potencias. Nada es nuevo, siempre hubo otras y otros que pensaron y actuaron frente a determinados objetos. Cuando hablamos de conversar, señalamos que todo proceso de creación está indefectiblemente conectado con otros anteriores.  Hay un vínculo implícito y explícito entre nuevas y antiguas fuerzas que hace que lo que no vemos, pueda aparecer.

¿Cuál será la programación futura de Isabel Rosas Contemporary?

La próxima exposición será dedicada a Samuel Ibarra: performer, poeta, escritor, dramaturgo, actor y artista, en su rol contemporáneo de entrevistado, entrevista y entrevistador. Y el 2021 invitaremos sólo damas, curadoras y curadas.

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