La subdirectora del Centro Nacional de Fotografía de la Universidad Diego Portales y curadora de la exposición “La máquina de coser y el paraguas. Franklin (1962-2018)” conversó sobre la importancia de las mujeres en la fotografía y cultura; de su labor como investigadora y explicó detalles de la muestra de Marcelo Montecino.

¿Por qué crees que el mundo fotográfico está dominado en gran parte por hombres?
No creo que esté tan dominado por hombres, yo creo que también lo está por mujeres. La diferencia está en que ellos son más visibles. La invisibilización de las mujeres en general ha sido una forma sistemática de ocultar su trabajo. Yo he trabajado en investigaciones de fotógrafas de principio de siglo, y se sabe que había muchas, pero no se sabe de sus trabajos porque estaban escondidas, no podían salir, no se podían ver. Yo creo que hasta el día de hoy el panorama es similar, con la diferencia que con la tecnología aparecen mucho más, pero no creo que sean en cantidad más fotógrafas que fotógrafos.

¿Y por qué crees que se da especialmente en esta área?
Es difícil, porque es un sistema en general que existe en todas las áreas. Podríamos empezar a hablar del patriarcado; tiene que ver con algo que se ha instaurado como sistema. Con los movimientos feministas actuales, con lo que ha pasado, yo creo que recién ahora se están empezando a ver el trabajo de las fotógrafas. Hay varios colectivos en Chile de fotógrafas que están en la calle haciendo fotoperiodismo. Por ejemplo, esta área siempre ha sido machista. Los que cubren deportes, prensa, es un área de hombres. Recién ahora se está visibilizando a las mujeres que están ahí, y no es que ellas no hayan estado.

Tu llevas tiempo en este rubro, ¿qué sientes que esto esté cambiando?
Me parece que está súper bien. Me gusta muchísimo que salgan ellas a llevar su propia voz, inclusive sin tener que tener una mediación o curadora ni gestor, nadie. Las fotógrafas se están tomando su lugar y lo encuentro que eso es muy válido.

¿Cuándo comenzó tu interés por la fotografía y el tema cultural?
Yo estudié Teoría de Historia del Arte, y en la universidad me dediqué a hacer muchos talleres de distintas disciplinas. La fotografía fue algo que siempre me gustó mucho. Llegué a trabajar a Cenfoto casi por casualidad y ahí estoy hace 13 años. Me he dedicado completamente a la fotografía, porque es un lenguaje que me gusta y acomoda mucho. A veces la gente me pregunta qué es lo que hago o de qué se trata mi trabajo, yo pienso cuando edito un libro o hago una curatoria, cuento historias con fotografías de otras personas.

¿Cómo ha sido vincular la historia con la fotografía?
Me gusta mucho esa relación de la fotografía con la historia. Además, yo estoy navegando siempre entre medio de unos archivos gigantescos, entonces, me meto en las historias oficiales por decirlo de alguna forma. Por ejemplo, con periodos históricos como la dictadura, pero más que eso, me meto en las historias íntimas de cada fotógrafo o fotógrafa. Tengo la sensación de estar viajando constantemente en el tiempo. Me encanta esa sensación. Me inmiscuyo en la vida de los demás, porque no es mi propio archivo. Y también, por otro lado, estoy súper relacionada con la fotografía contemporánea. Hay también fotógrafos jóvenes que trabajo, que es otro lenguaje muy interesante.

De todos los personajes conocidos que me nombras, ¿cuál ha sido el que más te ha llamado la atención?
Mi primer trabajo de investigación fue con Lola Falcón, una fotógrafa de principio de siglo que nació en Chillán. Ella fue la mamá de Poli Délano, sin duda es mi regalona. Este fue un trabajo que además de haber durado muchos años, fue el primero. Conocerla fue alucinante; saber todo lo que hizo y descubrir todos los lugares del mundo que conoció. Estuvo casada con un diplomático, por tanto, en su archivo hay fotografías de los años 40’, 50’ y 60’, de distintos lugares del mundo, en países que ni siquiera sabía que existían. Ella fue amiga de un montón de artistas, escritores de la época e intelectuales. Fue para mí una puerta de entrada a ese mundo de soñación, de historia, y de vidas pasadas con la que me siento súper cercana. A pesar de que es mucho más antigua en comparación a los fotógrafos que me relaciono actualmente.

¿Qué sientes con esto de que tienes la posibilidad de rescatar a mujeres importantes y personajes históricos?
Me emociona muchísimo. Ahora, lamentablemente no es tan fácil, porque los archivos de las fotógrafas están perdidos o escondidos. Incluso, me ha pasado de querer investigar fotógrafas y la familia no quería que veamos sus trabajos. Entonces cuesta bastante. En el caso de Lola, su hijo Poli ayudó bastante. Él decidió presentar un proyecto y gracias a eso se pudo hacer la investigación. El resultado fue un libro y exposición que itineró por todo Chile. Hace un tiempo, me invitaron a escribir unas reseñas sobre la historia de las fotógrafas del mundo. Yo escribí de Lola Falcón y Paz Errázuriz, una muy conocida y la otra no. Me emociona la idea de que se van a hacer conocidas en el mundo.

Por otro lado, participé junto a Samuel Salgado fuimos los curadores en un proyecto de documentales audiovisuales. Nosotros éramos quienes levantábamos la información, y teníamos que seleccionar a fotógrafos y fotógrafas para el documental. Tenían que ser seis nombres de una época determinada. Lola iba seguro, pero no sabía qué otras mujeres poner. Cuando publiqué el libro de Lola Falcón en 2013, no había ni un solo libro de fotógrafas chilenas fallecidas, ni uno solo.

Podríamos decir que fuiste la primera que escribió un libro de mujeres fotógrafas en Chile
En ese momento no había nadie más. Desde el 2013 a la fecha, creo que han salido unos cinco como máximo. Es muy difícil encontrar información. Respecto al proyecto anterior, teníamos un vínculo con Cineclub, y ahí descubrimos fotografías de Gertrudis de Moses, una fotógrafa alemana que se nacionalizó chilena. Era una mujer muy especial que llegó al país en los años 30. Gertrudis llegó con todas las vanguardias de Europa; hizo fotomontajes y todos en la época la miraron extraño. Nadie la tomó en cuenta. Para mí ella fue una pionera. Finalmente, terminamos haciendo el proyecto de documentales, quedaron Lola y Gertrudis. Todos los demás eran hombres.

¿Haz curado una exposición completa de mujeres?
No, pero es mi pendiente.

 

Marcelo Montecino
¿Cómo surgió la exposición “La máquina de coser y el paraguas? Franklin (1962-2018)”?
Surgió a raíz del Premio a la Trayectoria a la Fotografía Antonio Quintana. Con Marcelo (Montecino) es la cuarta exposición que hacemos juntos. A él le gusta harto enfocarse en un tema, y como su archivo es tan amplio, se da la opción de hacer cosas distintas. Entonces, pensando bien que podíamos hacer para que no se repitieran con las anteriores, llegamos a la conclusión de que tenía que ser algo muy chileno después del premio, y pensamos en Franklin. Ahora bien, la exposición en si es de Franklin, pero no se trata solo de eso. Habla sobre mucho más.

Marcelo en esa época, cuando comienza la exposición, vivía en Estados Unidos. Entonces, venía a Chile y decía que le llamaba la atención la pobreza; venía en invierno, todo era gris, húmedo y frío. Si se fijan, hay dos fotos de los años 60’ y después da un salto a los 80’, donde hay otro tipo de fotografía. Ahí Marcelo viene con otra mentalidad, ya formado como fotógrafo.

Lo que va mostrando la exposición, no es solamente el barrio y como ha resistido, sino que habla de muchas otras cosas, donde se relaciona con periodos históricos: dictadura, rayados de las paredes. Esa cosa desoladora, que es un sello muy característico de Montecino.

 

Por: Tamara Candia Ahumada
Periodista Museo Baburizza