Fotografía: Marcelo V Pozo.

El fin de año suele ser una época de balances y reflexiones acerca del que termina. En el caso del 2020, sin duda ese balance estará completamente cruzado por los devastadores efectos de la pandemia sanitaria, en todas sus dimensiones, humanas, sociales, económicas, políticas y un par más de seguro. No hay testigos en primera persona que nos cuenten cómo se vivió o enfrentó la “gripe española”, y lo que la literatura histórica nos cuenta, es general y no recoge necesariamente lo emocional, que tanto ha significado en este caso.

Pero quizás, sea este mismo tiempo de reflexión, que me lleve a buscar lo positivo que tuvo este año, sí, tal como lee, positivo, porque no todo es para olvidar, hay muchas cosas que han ocurrido y son dignas de destacar y de recordar.

Por ejemplo, el festival Puerto de Ideas cumplió diez años y lo celebró con un libro extraordinario de testimonios, que es un verdadero bálsamo de pensamiento y cultura, sumado a una estupenda versión digital del encuentro dedicado a la palabra y el pensamiento. Esfuerzos de todo tipo hubo para contar con los mejores invitados y una gran cobertura audiovisual, con un importante guiño a las voces locales.

También celebramos los primeros cinco años de Casaplan, taller de grabado, galería y centro cultural, instalado en pleno corazón de la ciudad, gracias a la porfía y dedicación de Javiera Moreira y Roberto Acosta, dando vida a un espacio y convertirlo en el centro del grabado porteño y para el mundo. Y para el viejo mundo nos llevó la galería Bahía Utópica, de los buenos amigos Nancy y Bertrand, presentando en París, a muchos buenos artistas porteños.

Todos los festivales, encuentros y certámenes culturales de la ciudad, se realizaron en versión ajustada a lo digital, pero el espíritu fue no cancelar idealmente nada, y poder aportar desde la cultura, el arte, el patrimonio y muchas otras disciplinas, a hacer más llevaderos estos tiempos tan duros.

Uno de los últimos buenos recuerdos de este año, será sin duda el acuerdo, confío efectivo, entre el Ministerio de las Culturas y el Municipio, para la administración del Sitio Patrimonio de la Humanidad. En este tema, lo he dicho siempre y con mucha responsabilidad, es el Estado el que ha estado muy en deuda, y claramente hay aquí  una excelente oportunidad para enmendar el rumbo. Ojalá a este acuerdo se sumen muchos actores corporativos y privados, que permitan que el sitio Unesco luzca sus características excepcionales, que se le han reconocido mundialmente.

Pero no puedo terminar sin pensar en el Museo Baburizza, que desde el primer momento tomó con una fuerza inagotable, la misión de acompañar a la comunidad y ofrecer buenos espacios de distracción, aprendizaje y participación, que ha significado que más de 700 mil personas hayan visto nuestros contenidos y lo más importante, es que hayan podido sentir acompañados y contenidos por el museo, si eso se logró, todo lo demás ha valido la pena. Al final, Valparaíso, siempre nos sorprende y siempre nos invita a vivirlo.

Rafael Torres Arredondo

Director Museo de Bellas Artes