El Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, considera que los derechos culturales tienen carácter de derechos fundamentales. “La Constitución actual fue mezquina con los llamados derechos económicos, sociales y culturales, y tendremos ahora la oportunidad para mejorar su presencia en el texto constitucional”, dice.

Agustín Squella Narducci, conversó con nosotros luego de dos meses del denominado estallido social. Squella, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009, Doctor en Derecho, periodista, columnista y académico, es calificado como uno de los intelectuales más influyentes del país. El autor de numerosas obras, cree que la cultura es un derecho humano al cual todos y todas debemos acceder. 

 

Usted fue quien colaboró en la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes hace más de diez años. El año 2018, aquel organismo fue reemplazado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, entidad que en otros países tiene larga data. ¿A qué atribuye el retraso por parte del Estado chileno en materias culturales?

Nuestro país suele moverse lentamente en materias institucionales, pero considero que el paso del Consejo al actual Ministerio fue una decisión acertada. En el gobierno de Ricardo Lagos no había condiciones para la creación de un ministerio en ese momento y, además, teníamos la convicción, al menos en ese momento, de que la figura de un Consejo respondía mejor a la idea de institucionalidad cultural pública que tenía ese gobierno.


En línea con lo anterior, ¿fueron la transición y la globalización elementos centrales que impulsaron la cultura en Chile?

El Estado tiene deberes con la cultura, incluyendo en esa palabra la creación, producción y difusión de las artes, el cuidado e incremento del patrimonio cultural, y la participación de la ciudadanía en la vida cultural del país, y ya desde el gobierno de Patricio Aylwin hubo preocupación por dar un mejor cumplimiento a tales deberes. En cuanto a la globalización, siempre tuve la esperanza de que produjera una suerte de feliz mestizaje de las culturas y no la hegemonía de una determinada cultura sobre las restantes.


¿Cuál es el rol que los museos y las instituciones culturales deberían tener respecto a la situación que vivimos actualmente? 

La de todos: hacerse cargo de la situación, diagnosticarla bien en sus causas y manifestaciones presentes, formular propuestas en el campo cultural, y abogar por el curso pacífico futuro de ella.


¿Qué lugar deberían ocupar la cultura y las artes en la nueva Constitución?

Una nueva Constitución debería explicitar mejor los deberes del Estado con la cultura y, por otra parte, hacer lo mismo con los derechos culturales que tienen carácter de derechos fundamentales. La Constitución actual fue mezquina con los llamados derechos económicos, sociales y culturales, y tendremos ahora la oportunidad para mejorar su presencia en el texto constitucional.


Para usted, ¿cuáles son las causas del estallido social? ¿Si una persona lee su reciente obra podría encontrar respuestas y darle sentido a la situación?

La causa, según creo, se encuentra, al menos en parte, en una crisis de expectativas de sectores medios del país que, habiendo mejorado su situación, se vieron frustrados en sus aspiraciones de un mayor progreso. Pero la causa principal estuvo en una crisis de carencias, que es mucho más grave que una de expectativas, y de carencias que se relacionan con el acceso a bienes básicos de atención sanitaria, educación, vivienda y una previsión oportuna y justa. Sume a eso los graves y reiterados casos de corrupción de los últimos años –en la política, en los negocios, en dos ramas de las fuerzas armadas, en el fútbol, y hasta en las iglesias- y comprenderá que ninguna sociedad podía ingerir todas esas toxinas sin enfermar y desarrollar fiebre.


Recuerdo que, a propósito del movimiento estudiantil y la naciente Nueva Mayoría, usted lanzó un manifiesto que llamó “Igualdad”. Ahí expresó que se inspiró en ese brotar para obtener mayor igualdad y acceso a los llamados derechos sociales. ¿Podríamos decir que la obra “Derechos Humanos” cumple la misma función?

“Igualdad” fue el primero de cuatro libros que publicó la editorial de la U. de Valparaíso. A él siguieron “Libertad”, “Fraternidad” y “Democracia”, este último con un subtítulo inquietante: “¿Crisis, decadencia o colapso?”, porque, claro, no soplan hoy buenos vientos para la democracia en el planeta. Ahora acaba de aparecer “Derechos humanos”, en el que hay una explicación acerca de qué son ellos, cuáles son, cuál es su justificación, qué historia tienen, dónde se encuentran, y cómo se protegen nacional e internacionalmente. La verdad es que no sabemos lo suficiente de los derechos humanos en todos esos aspectos, y el nuevo libro quiere colaborar, especialmente entre los jóvenes, a que tengamos una mejor respuesta acerca de qué hablamos cuando hablamos de derechos humanos.

Hay además una relación directa entre esos 5 libros, porque los derechos humanos están basados en valores como la libertad, la igualdad y la solidaridad, mientras que la democracia es la forma de gobierno que rinde mejor examen en cuanto a la declaración, protección y garantía de los derechos humanos.

Hace un tiempo escribió un libro sobre el liberal John Stuart Mill, en el cual habló sobre la importancia del filósofo. Si él viviera hoy, ¿cree que suscribiría los tratados internacionales de derechos humanos? ¿Tendría reparos respectos a ellos?

Pienso que los suscribiría, incluyendo aquellos que tratan derechos sociales y culturales. Mill fue lo que podríamos llamar un liberal social, o sea, un liberal preocupado no solo de la libertad de las personas, sino también de sus condiciones materiales de existencia, y siempre fue capaz de ver más allá de las fronteras de su propio país.


Stuart Mill fue rupturista al escribir “El sometimiento de la mujer”, traducido posteriormente por Martina Barros. ¿Considera que aquella mujer fue una de las que cimentaron el camino del feminismo en Chile?

Por supuesto que sí. Mill fue un atrevido al publicar ese libro en plena época victoriana. Muchas críticas cayeron sobre él, tanto de hombres como de mujeres, y ni qué decir las que se dejaron caer en Chile por la sociedad conservadora de la época en que Martina Barros lo tradujo. La gracia de Martina fue que lo tradujo apenas 3 años después de publicado el libro de Mill en Londres, quedando expuesta a la incomprensión y el maltrato de muchos de sus contemporáneos y contemporáneas. Si Mill fue un atrevido, ella también lo fue, y hay que agradecer a ambos que lo hayan sido. Martina Barros forma parte de la historia del feminismo en Chile.


En plena dictadura, gracias a su gestión, Norberto Bobbio visitó la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso. Desde el conocimiento que tiene sobre el legado de Bobbio, ¿cómo analizaría él las instituciones democráticas de Chile? ¿Se atrevería a indagar en qué ideas podría sugerir a la institucionalidad política chilena?

Bobbio visitó Chile en 1986, dos años antes del plebiscito de 1988 que sacó a Pinochet del poder, aunque la verdad es que lo sacó de La Moneda, mas no del poder. Bobbio dio conferencias aquí en Santiago sobre el fundamento y futuro de la democracia, y sus palabras fueron un estímulo para quienes esperábamos el restablecimiento de la democracia en nuestro país. Cuando él ingresó al hall de nuestra Escuela de Derecho, los estudiantes desplegaron un lienzo que decía: “Bienvenido profesor Bobbio. Los que luchan por la democracia y la libertad lo saludan”. Y si él estuviera vivo, por supuesto que seguiría con atención la evolución de nuestra democracia, la lentísima evolución de ella desde la democracia groseramente limitada que fue recuperada en 1990 hasta la que tenemos hoy. Y estaría también atento al proceso constituyente que hemos iniciado.


Es de conocimiento público que es hincha de Santiago Wanderers, equipo que acaba de ascender a la liga de honor del fútbol nacional. Como wanderino, ¿qué mensaje les daría a los jugadores a raíz del estallido social y el término abrupto del torneo? ¿Con esto quedó demostrada la estrecha relación que tiene la política y el fútbol?

Vea usted que yo puse la corrupción en nuestro fútbol profesional como una de las causas de lo que estamos viviendo. Sí, ella no se compara a la corrupción en parte de la política, del empresariado, de las fuerzas armadas, de las iglesias, pero se encuentra en el mismo saco que todas estas, y ese saco se llama Chile. Y ahora que Wanderers se encuentra en Primera A, después de que cometieron el abuso de querer dejarlo en Primera B, no obstante haber sido campeón de esta última, los que tendrían que recibir consejos no son los jugadores del equipo, sino la sociedad anónima cerrada que es dueña del club. ¿Por qué cerrada a unos pocos? ¿Por qué no una sociedad anónima abierta de la que cada wanderino pueda ser socio de acuerdo a sus posibilidades?


Por: Tamara Candia Ahumada

Periodista Museo Baburizza

Fotografía: Universidad de Valparaíso.