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Pascual, inmigrante y filántropo

Pascual, inmigrante y filántropo

Cada tanto tiempo recordamos la vida y obra de alguien que ha sido determinante para la historia de nuestro país, o de nuestra ciudad, o en la mayoría de los casos, para ambos. Es así como en estos días recordamos que el pasado día 28 de abril, se cumplieron 144 años del nacimiento de Pascual Baburizza, un hombre que gran parte de su vida la vivió en silencio; sin grandilocuencias ni exageraciones, un filántropo que, sin dudar, heredó gran parte de su patrimonio al país, que si bien no fue su patria de nacimiento, fue el lugar que le permitió cumplir sus sueños y hacer realidad sus anhelos.

Pascual Baburizza llegó a Chile desde Croacia, en 1892 con tan solo 17 años. Se desconoce si lo hizo en soledad o acompañado de uno de sus hermanos. Su primer destino en nuestro país fue Valparaíso. Lugar donde sólo estuvo de paso para embarcar rumbo a Tarapacá, atraído por la fiebre del salitre que acechaba la zona.

A pesar de que no terminó sus estudios primarios, su capacidad para ver más allá de lo evidente, logró que Pascual Baburizza edificara una de las más grandes fortunas chilenas a comienzos del siglo XX. Su figura se transformó en todo un modelo a seguir en su tierra natal. Tal como cuenta Isabel Torres-Dujisin, en su libro biográfico, sin proponérselo, “se convirtió en un estímulo para la emigración hacia el norte chileno”.

Y así se fue desarrollando. Deambulando con gran éxito de un negocio a otro, anticipándose a los tiempos cuando las cosas andaban mal. No se casó, no tuvo hijos, ni se destacó por tener muchos amigos. Todo lo contrario. Se caracterizaba por ser tranquilo y sencillo.

Su vida fue todo un mito. Un mito que hasta en la actualidad sigue circulando por los pasillos del palacio donde residió hasta el fin de sus días, en 1941. Las obras que coleccionó dan pistas de su personalidad, que nos ayudan a poner en valor su legado ante la comunidad de Valparaíso que él tanto quería. Su testamento dio una prueba más de su sentido de la filantropía, le legaba a la ciudad su colección de 70 pinturas europeas que había reunido, fruto de sus permanentes viajes al viejo continente. Así también donó el parque el salitre, hoy jardín botánico nacional y la escuela agrícola de los Andes, entre muchas otras obras y donaciones realizadas tanto en vida, como póstumas.

Chile, que siempre ha sido un país generoso con el migrante, ha tenido la suerte de contar con muchos hombres y mujeres, que al igual que don Pascual, han querido ser agradecidos con la patria que los albergó y valoró.

Nosotros en el museo que se alberga la que un día fuera su casa, le recordamos como un hombre generoso y altruista, con sentido de la gratitud y la filantropía y ponemos en valor que fue un inmigrante como tantos otros miles que han llegado, y que  llegarán a Chile, buscando un mejor lugar para vivir y soñar, y aquí lo encontrarán como don Pascual.

Rafael Torres Arredondo

Director Museo Baburizza

 

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