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Entrevista a Samuel Delgado Tello, director CenFoto-UDP:

Entrevista a Samuel Delgado Tello, director CenFoto-UDP:

Entrevista a Samuel Delgado Tello, director CenFoto-UDP:

“La exposición del FIFV de alguna forma sin haber sido pensada en este contexto, sigue siendo una muestra que habla de la situación en la que estamos envueltos”

El director del Centro Nacional de la Fotografía de la Universidad Diego Portales, historiador y co-curador de la exposición “De la historia a las historias” conversó con nosotros respecto la importancia de la historia y fotografía en la actualidad.

 

¿Cómo ha sido relacionar la historia con la fotografía?

Yo creo que ha sido al revés, de cómo ha sido el ejercicio de relacionar la fotografía con acontecimientos, por decirlo de alguna manera, porqué las fotos son documentos que rápidamente pierden los que los investigadores llaman el contexto. Ese significado que está relacionado con el momento de creación de la imagen (…).

Eso se pierde muy rápido y entonces la fotografía va adquiriendo varias capas, y, por lo tanto, otros significados. Lo que uno hace es, o lo que pareciera ser que uno hace, como primer proceso de trabajo, es tratar de arrinconar la imagen para poder llegar a recuperar cierta noción de contexto inicial. No necesariamente situarla en grandes sucesos históricos, sino que devolverle al documento su lugar o posición en el tiempo.

Si eso se hace con una sola imagen, ocurre que tiene interés para el investigador o curador, porque quiere hacer algo con ella. Si tú la haces con muchas, estás trabajando en una óptica de archivo. Una foto contextualizada así, con la misma metodología, dosificándose, relacionándose con otras, van complementando ese proceso de creación y esa idea de inicio es eventualmente posible de rescatar. No hay una relación como fotografía e historia, sino que hay una relación de fotografías e historias, podríamos decir, como la exposición lo plantea, porque no hay solamente un evento, sino que hay varios ocurriendo. Esa es la singularidad con todo lo que tenga que ver con la imagen.

Lo que podría decir es que ya no se puede relacionar la fotografía a un sólo contenido histórico, sino que siempre va a estar deambulando por varias situaciones históricas, lo que lo hace un documento rico en términos de resignificar. Entonces, nunca queda del todo fijo, y nunca quedará, porque no está hecho para hacer eso.

 

¿Tú crees que la fotografía resignifica nuestra historia?

Sí, todo el tiempo, porque de alguna manera es un documento contemporáneo, dado que un instrumento coetáneo en nuestra época, y de alguna forma eso va dándole su significación. También es relevante que tenga esa característica que tiene el mundo contemporáneo, que es el volumen, no cuántas veces puedo reproducir una imagen, sino que cuántas es el número de imágenes que tengo. En ese sentido, como las imágenes no son fuentes históricas en el sentido tradicional de la palabra, sino que más bien son puntos de vista; miles de puntos de vista que van situando ese evento privado, familiar, publico, geográfico, entre otros, de montaje incluso, de distintas perspectivas, porque la imagen permite hacer eso.

 

Desde tu rol de investigador, ¿consideras relevante preservar la memoria histórica, más aún con las fotografías?

Sí, porque es un documento contemporáneo a nosotros. Nosotros somos una cultura visual, y el documento por el cual hemos definido nuestra contemporaneidad, es la visualidad. El movimiento, cine o fotografía, es intenso en texturas. Tenemos esa relación contradictoria con la fotografía, porque por un lado la usamos como prueba, como dato objetivo inmediato de lo que ha ocurrido. Constantemente se llama a los fotógrafos para que hagan registros de la realidad, pero, sin embargo, como rápidamente pierde su contexto las fotos se convierten en otras cosas. También lo transforman en un objeto contradictorio y uno preserva eso.

 

Respecto al ejercicio de reflexión que hicimos en el museo, ¿qué te parece que usen en lugares como museos?

Nosotros en el sector cultural en el que nos desenvolvemos, como instituciones que desarrollan contenido y que se presentan en espacios con ciertas características a los que llamamos museos o galerías u otros espacios, hemos ido trabajando y desarrollando procesos de aproximación con la comunidad. En un minuto el papel del curador o director de museo, era principal y la forma en que como se desenvolvía una exposición o muestra descansaba en esa autoridad.

Los planteamientos con los que hemos encontrado ahora, es que la comunidad ya no quiere ser un actor independiente del proceso, sino que quiere participar. Distintas instancias han propuesto esta aproximación, algunos con menos o más fuerzas, en términos de cuál es el papel de ese sujeto. Hay espacios donde la exposición la hacen las personas, por ejemplo, Imagen Salvaje que está en el Parque Cultural. En otros casos hay un equipo curatorial, como el de Baburizza. Junto con el trabajo del museo desarrollan una muestra que es intervenida, porque también hay conceptos que se van negociando constantemente. Encuentro que tiene un valor rescatar de alguna forma la opinión de la comunidad en el contexto de una exposición. Lo que sería interesante es ir desarrollando instancias donde ese acercamiento sea cada vez más intenso. Eso tiene que ver en cómo se empiezan a pensar estos procesos en términos de si es la ciudadanía o la comunidad objetiva la que elija el espacio donde se vincula, como actor activo del desarrollo de una muestra. Ahí, pienso, está a la discusión hoy en día.

¿Qué piensas que el FIFV se esté exhibiendo en este momento en el museo? ¿Relacionas su contenido con lo que vivimos actualmente?

Esto fue azar. Nosotros participamos en esta exposición donde Ladskrona invita al Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso, y el FIFV invita a Cenfoto-UDP. Ahí está Catalina Mena, Rodrigo Gómez y a mí, quienes somos los curadores.

Mi labor es la parte histórica, para lo cual construí un texto. Rodrigo hace la selección del trabajo contemporáneo con el trabajo de Catalina, y Catalina construye la segunda parte del texto. Ahí tuvimos que trabajar en conjunto para que tuviese su sentido total.

La exposición fundamentalmente son obras contemporáneas. Fotógrafos de los 60 en adelante. El más antiguo es Antonio Quintana, que es el 50, pero el cuerpo de trabajo es del 70 en adelante. La organización de la exposición está compuesta por planteamientos y problemas que la fotografía chilena de carácter documental ha desarrollado siempre: desigualdad, problemas de géneros, vida privada, marginalidad, mundo indígena, paisaje, biografía, memoria, el Estado como ente criminal, entre otros. Por tanto, son temas que están presentes y son una constante de la historia de Chile desde que estamos constituidos como Estado-nación, siglo XIX en adelante. Se toma esta exhibición en Ladskrona, y decidimos dado el esfuerzo desempeñado, hacer una propuesta distinta. Se retoma la muestra acá, en el contexto del FIFV, en este vínculo que hemos desarrollado con el Museo Baburizza de poder contar con una sala más, además del parque, para poder hacer proyectos de carácter específico, que, pueden tener una corriente histórica, deben ser leídos desde una contemporaneidad en el montaje de la muestra.

Estábamos desarrollando el proyecto de montaje, y nos ocurrió lo que le ocurrió a todo el país. Cayó este meteorito social e inició todo, y tuvimos que plantearnos la situación de cómo esta exposición dialogaba con la contingencia. El texto de presentación de la muestra trata de hacerse un poco cargo de esto, y creemos que la exposición del FIFV de alguna forma sin haber sido pensada en este contexto, sigue siendo una muestra que habla sobre la situación en la que estamos envueltos. Hay montón de gestos que están presentes. Los trabajos de Marcelo Montecinos, Luis Weinstein, Jorge Brantmayer, Celeste Rojas, Mauricio Duarte, Mauricio Valenzuela, Emilio Valenzuela, Claudio Pérez, Javier Godoy, Leonor Vicuña, son de alguna forma sujetos que están con cierto material fotográfico, desde esta óptica, tienen algo que decir con lo que ha ocurrido.

A raíz de todo lo que hemos conversado, ¿crees que la historia es cíclica?

No, no creo que lo sea. Yo creo que lo que ocurre es que rima, suena y se parece a algo. Lo que pasa, es que esa frase expresa un poco la idea que tenemos sobre el fenómeno de la memoria, que es una cosa, y lo que la historia es. La historia en términos de palabra es un tipo específico de conocimiento. En cambio, la memoria es una relación con el tiempo. A veces, pienso, que tenemos la sensación de que, de alguna forma, expuestos a un presente, que va a buscar en alguna situación determinada qué es este pasado, reciente o más extenso, da con una respuesta para lo que se adviene, un futuro. Las semejanzas son parte de esta relación, donde nos sentimos un tanto viviendo la misma situación. Pero los ciclos, los momentos históricos, tienen sus individualidades. Necesitamos una respuesta específica a lo que está ocurriendo. Una respuesta que solamente se puede dar con nuestro presente, para poder dar una solución. Lo que pasa es que ese “ahora”, -tal como hemos leído en muchos lados-, no son 30 pesos, sino que son treinta años.

Actualmente tenemos un ahora más largo, o sea, el presente tampoco es como esta cosa fugaz. El presente puede ser esa situación que tenga una duración más prolongada, y que está constantemente interpelando nuestra relación con el futuro. Son más bien conjuntos que van ocurriendo. Por eso existe la posibilidad de que podamos no solamente tener una respuesta original para el futuro, sin que poder cambiar esa relación con el pasado.

 

Por: Tamara Candia Ahumada
Periodista Museo Baburizza.

 

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