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Entrevistas

“El mejor homenaje que podemos hacerles a nuestros ancestros, es abrir esto y que se transforme en un debate futuro”

“El mejor homenaje que podemos hacerles a nuestros ancestros, es abrir esto y que se transforme en un debate futuro”

En el marco de la exposición “Balmes/Bru. Pasajeros del Winnipeg” que estará hasta el 20 de octubre en el Museo Baburizza, realizamos la siguiente entrevista.

Eduardo Muñoz Inchausti (43), actualmente se desempeña como presidente de la Asociación por la Memoria del Exilio Español en Chile, Winnipeg Valparaíso. Él, como tanto otros, es heredero de una historia familiar que comenzó en nuestro puerto un 3 de septiembre de 1939, de la mano de su abuelo, Juan Inchausti Iraola. 80 años más tarde, nos podemos dar cuenta que los más de dos mil pasajeros que llegaron a Chile, no sólo vinieron escapando de una guerra que los azotaba, sino que también buscaban un lugar donde pertenecer.

¿Qué te contó su abuelo respecto a su experiencia Winnipeg?

Uno se da cuenta cuando la gente está un poco dolida con el tema, porque no teníamos conversaciones cotidianas. Si en las fiestas familiares había recuerdos, él tenía muy bonitos, pero dolorosas remembranzas de lo que fue su paso. A él le tocó una actividad muy rara porque era marino. La Guerra Civil Española fue principalmente en tierra, pero el trabajo que le tocaba hacer era complejo, porque zarpaban del puerto de Cartagena que eran en ese momento el puerto principal de la marina republicana, y navegar hasta Rusia, hasta Vladistock, a buscar municiones. Y después de vuelta. No era tan sencillo como parecía porque el Mediterráneo estaba lleno de submarinos alemanes. Y, por lo tanto, era una medición de fuerzas a las grandes potencias.  Era tenso. Viajar semanas pensando que en cualquier momento te llegaba un torpedo.

Pero la camaradería es un tema que él recordó hasta el final. El paso por Francia no fue fácil, ya que estaba inmiscuida. Ellos estuvieron en los campos de concentración.

El Winnipeg que era un buque de carga normal, se les llenó con más de 2 mil personas. La travesía no fue agradable, pero tuvo buenos recuerdos de la fraternidad, de apoyarse en la dificultad. La gran herencia de mi abuelo es que es un sobreviviente.

A raíz de lo que dices, ¿cuál es el legado que dejaron los más de dos mil pasajeros que llegaron a Chile buscando una nueva oportunidad?

Yo tengo la sensación de que su mayor herencia tiene que ver con tres fenómenos. Uno, el legado biográfico. Estas personas llegaron, y sin ellos yo no estaría aquí. O sea, si fuera de un punto egoísta, menos mal que hubo Guerra Civil Española porque si no yo no sería el que soy, no sería básicamente. En segundo lugar, el tema de la diversidad de la patria, de que esta no solamente es un concepto abstracto, sino que también una experiencia vital potente. Porque a veces se nos llena la cabeza con símbolos, significados, que son más bien culturales, cuando en realidad el primer plano de la patria es la experiencia de vida.

Para mí la migración española, los refugiados españoles de la Guerra Civil, nos dejan una herencia de lo empático que hay que ser con el exilio forzado, de cualquier tipo. En este caso es profundamente político. Ellos no llegaron aquí después de una guerra, llegaron porque eran republicanos, y eran un problema. De hecho, los que no se vinieron en Europa participaron de la Segunda Guerra Mundial y formaron parte de la legión extranjera, pelearon contra los nazis.

Finalmente, es un legado de ejemplo. Ellos nos enseñaron -y fue muy potente- como una de tantas migraciones que se logró absorber de manera casi natural en el contexto. Ellos y los italianos, -a diferencia de otros migrantes europeos que fueron un poco más cerrados-, se reincorporaron y vivieron a vivir. No venían con mentalidad colonial, sino que de vida. Eso es todo un tema. La necesidad que tenemos de pertenecer. Por eso yo creo que hay ser empático con todas las migraciones, porque no hay nada más triste para una persona como sujeto, es no poder pertenecer, no ser de aquí ni de allá.

¿Cómo relacionarías el Winnipeg con el fenómeno migraciones que vivimos actualmente?

La globalización y sus efectos han repotenciado una cosa que siempre está ahí. Esta disputa entre el ciudadano del mundo y el nacionalista, es siempre un tema entre el cosmopolitismo y el nacionalismo, es una tensión permanente en la historia. En el último tiempo, y más aún ahora, los grandes movimientos de personas están generando crisis de carácter político y cultural. Esta defensa por espacios simbólicos de pertenencia e identidad, pero al mismo tiempo, la adopción, el sumergirse en una cultura global provoca tensiones que se observan hoy cada vez más fuertes. Desde aquellos que ven superados el tema de la frontera como signo de identidad nacional versus aquellos que quieren consolidarla aún más. Esta pretensión utópica de la autarquía. Yo creo que solamente la educación, el conocer experiencias, la empatía, la educación emocional, histórica, democrática, va a permitir llevar el proceso adelante. Porque pensar que vamos a vivir en un mundo donde las personas no se van a mover, es una ilusión.  Hay que verlo como una oportunidad más que amenaza.

¿Crees que al ser Valparaíso una ciudad colonizada desde los cimientos, tiene un vínculo directo con el Winnipeg?

Sí, claro. Por eso nosotros estamos proponiendo desde la Asociación por la Memoria del Exilio Español en Chile, Winnipeg Valparaíso, hacer el museo del migrante en la zona. Valparaíso es una ciudad cosmopolita, y cuando decimos cosmopolita, no es porque solamente vea el mundo a través de los que pasan, sino que también vive el mundo a través de los que se quedan. Construida desde la migración interior, del campo a la ciudad, pero además era la puerta de ingreso de todas las migraciones. Entraron alemanes, italianos, entre otros. De todos esos quedó algo acá.

A mi abuelo le pasó lo mismo. Llegó y se fue a Buenos Aires. Estuvo en Valparaíso un par de semanas, y viaja a Buenos Aires, y se devolvió, siendo que en Argentina tenía familia.

El puerto amarra como el hambre…

Sí, amarra como el hambre.

Que se hayan celebrado los 80 años del Winnipeg en la región, ¿ayuda a que los porteños entiendan desde otra perspectiva la experiencia de los que llegaron en el barco?

Sí, creo que sí. Siento que los 80 años fueron un poco líticos. No lograron el eco que yo quería. Por eso creo que de esta experiencia que es tan fuerte, contundente, densa, podamos abrirla un poco. Nosotros armamos una asociación con personas que no tienen ningún lazo sanguíneo con el Winnipeg, esto no puede quedarse en un grupo cerrado. El mejor homenaje que podemos hacerle a nuestros ancestros, es abrir esto y que se transforme en un debate futuro. Por eso nosotros junto con el museo, queremos que se declare el 3 de septiembre como el Día Nacional del Migrante. Ya existe un día mundial en noviembre, pero nosotros creemos que Chile es un país que va a seguir atrayéndolos, mientras mejor nos vaya como país, más migraciones vamos a tener. Es un fenómeno natural. Así como migran los capitales, migran las personas. Acá nos gusta que llegue la plata, pero no queremos entender que las personas siguen el dinero. Y el trabajo es un derecho humano. Moverse es un derecho humano, es uno de los primeros derechos, sino nos convertirnos en siervos de la gleba. Por tanto, me gustaría que el tema de la migración tuviera más eco. Así como hay ángeles, hay demonios. El tema de la migración sino la trabajamos bien, podemos despertar tremendos demonios. Y creo que la cultura es una gran herramienta. Por eso es tan importante lo que hizo el museo, y que muchas de las actividades hayan tenido un sello cultural, es muy relevante, pero es más importante aún, que para los 85 años estas actividades sean cada vez más masivas. Que tengamos más debates.

Como ex subsecretario de cultura, ¿crees que es relevante que el Museo Baburizza realice este tipo de exposiciones?

Totalmente. Y yo creo que no solamente es importante, sino que es necesario. Los felicito. Tengo una mirada de lo que son los museos, una mirada de la lógica museográfica muy viva. Para mí los museos no son solamente una colección, sino que son ante todo un espacio de liberación cultural.

La globalización si bien es un fenómeno imparable, es un acontecimiento que existe. Los pueblos tienen derecho a construir su propio relato histórico, muy en armonía con el mundo. Para eso están los museos, y todo el aparataje cultural. Por lo tanto, un museo a sus colecciones, que son cuidar nuestra herencia patrimonial es importante, y que esté a disposición de todos, son también un espacio de liberación para la construcción de soberanía cultural.

Ojalá todas las exposiciones fueran igual. Yo creo que el museo ha hecho un gran esfuerzo, porque cada colección, cada obra no permanente, genera algún tipo de debate y me parece muy bien. Así debieran ser mucho más intensamente, y todos los museos.

¿Y sobre el valor pictórico de la colección de Balmes y Bru?

Yo fui el día que se inauguró, y volví otro día a verla con más tranquilidad, y fíjate que lo que me pasó, es que siento que la memoria tiene colores. Hay gente que recuerda en blanco y negro, pero en mi caso es en colores. Y me pasa que los colores de la exposición se relacionan con la paleta acromática de mis recuerdos. Yo te podría decir que recuerdo la Guerra Civil Española por los relatos de mi abuelo, porque no la viví, pero tengo un recuerdo que se ha ido complementando con lo que he leído. La memoria es principalmente emotiva, biográfica, vital, y, por tanto, eso me pasó. Me pasó que tuve una sincronía con la paleta de colores, además que la selección de las obras no son tantas, pero están muy buenas. La curatoria se nota. Mando mis felicitaciones.

¿Cómo le explicaste a tus hijos todo lo que vivió su abuelo?

Ellos me han acompañado en todo el proceso. Cuando he puesto placas, cuando he ido al monolito me acompañan, le he contado la historia de su abuelo. Las veces que he ido a España me piden que les envíe fotografías.

Me gustan los niños porque resignifican la triste, la resignifican desde el futuro y eso es lo importante. Tienen 11 once años, y ellos se sienten herederos de eso. Por ejemplo, me pasó el otro día que estaba en el cine y mi hija se hizo amiga con una niña que era descendiente afroamericana, y cuando nos íbamos, me dice que conoció a una niña que es igual que el abuelo, que no viene de Chile. Por eso es tan importante estas experiencias vitales.

Si tuvieras la oportunidad de decirle algo a Pedro Aguirre Cerda y Pablo Neruda, ¿qué les dirías?

Lo primero que les diría es gracias por poder estar acá. No me creo europeo, no tengo ese chovinismo, yo soy chileno, pero evidentemente tengo raíces y vengo de ahí. Me parece un contrasentido, porque ojalá que no haya ocurrido la Guerra Civil Española, ojalá que no hubiese ocurrido Guernica, ojalá que no hubiera ocurrido la batalla del Ebro, entre otros. Ojalá no hubiese existido el exilio, pero sin ese exilio yo no estaría aquí. Tengo una ambivalencia.

Segundo, que bueno que nos dejaron una gran y bonita lección, ya que en tiempos de dureza hay que ser solidarios. No nos olviden que años después, muchos de los que nosotros mostramos solidaridad, después les tocó recibir exiliados chilenos, no solo políticos, sino que también económicos.

 

Por: Tamara Candia Ahumada
Periodista Museo Baburizza

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