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Artículo nº7: “EL PAISAJE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD” – Parte I

Artículo nº7: “EL PAISAJE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD” – Parte I

Si de analizar el concepto “el paisaje” se trata, primero que todo debemos señalar que es el resultado de la percepción de nuestras experiencias sensoriales, por tanto es muy complejo definirlo y acotarlo a un sentido univoco. Es por esto que el concepto se trabaja dependiendo la perspectiva de estudio a la cual se apele, sin embargo la definición más acotada según el Convenio Europeo del Paisaje (CEP) es: “cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones” (Art. 1 – Busquets, 2009)[1].

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“Paisaje Chileno” de Alfredo Helsby

Esta definición también nos entrega otro tipo de relación, la de interrelación entre hombre y paisaje, este último como un hecho social. Así el paisaje se configura por las relaciones sociales y sus paradigmas (posmodernidad y capitalismo) otorgándole nuevas connotaciones a este, como por ejemplo el ser memoria de un territorio, por tanto Historia. Así la obra de arte que represente un paisaje es en definitiva un sistema de signos los cuales pueden ser interpretados, así podremos entender como hemos construido la identidad de nuestro país.

La Historia de Chile ha sido un proceso lleno de contrastes y dinamismo, lo que nos hace particularmente especiales, generando en nosotros un fuerte sentido de pertenencia. El paisaje -considerado de distintas perspectivas- nos permite unirnos bajo la idea de identidad y nación, pero al mismo tiempo nos presenta la riqueza de la diversidad cultural y social que se dan en él.

Los viajeros, expedicionarios, científicos y artistas que visitan nuestras tierras desde el siglo XVII dedicaron sus esfuerzos en plasmar la idea sobre el paisaje chileno, diversas miradas y estilos fueron generando un imaginario sobre nuestro territorio. Según esto, la construcción social del “paisaje” requiere necesariamente de un “yo”, el cual generará una estructura de nexos, vinculaciones a espacios determinados, a una nación, a generar identidades.La construcción de obras de arte sobre nuestro paisaje nos presenta distintos elementos representativos de nuestro territorio: la cordillera de los Andes, el desierto, el océano pacífico, un árbol, un animal, etc.; elementos cargados de historicismo que nos ponen de relieve ese tejido simbólico que podemos denominar identidad.

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“Terneros en la nieve” de Rafael Correa

“En este espacio en que jamás truena ni graniza con unas estaciones regladas que rarísima vez se alternan, sembrado de minas de todos los metales conocidos, con salinas abundantes, pastos copiosos regados de muchos arroyos, manantiales, y ríos que a cortas distancias descienden de la cordillera y corren superficialmente; donde hay buenos puertos y fácil pesca…”[2]

Los primeros intentos por representar el paisaje se remontan al siglo XVII, cuando distintos investigadores y científicos extranjeros trataban de descubrir el territorio chileno. Pintores, dibujantes, cartógrafos, grabadores representaban las distintas características del paisaje a partir de los descubrimientos de sus distintas expediciones. Eran creaciones plásticas con una clara finalidad científica. Si bien en el siglo XVIII se dio inicio al desarrollo romanticista y costumbrista de concebir el paisaje, este no tuvo una finalidad de ser obra de arte. Estos trabajos aún mantenían la función de ser una crónica visual de las distintas expediciones y viajes. Sin embargo, el esfuerzo por plasmar una cartografía particular, ya inconscientemente está generando cierto sentido de identidad y pertenencia, puesto que la construcción de la identidad territorial se forma a partir de límites geográficos definidos.

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En el siglo XIX el territorio y la construcción de su cartografía se convirtieron en símbolos de civilización y avance. La pintura romántica se vuelve autónoma de elementos científicos, vincula al espectador a este paisaje, lo hace protagonista. En esto gran mérito tiene el pintor alemán Johann MoritzRugendas, artista que avecindado en nuestro país lo recorrió de extremo norte a sur dibujando, pintando, grabando todas las bellezas de Chile. Además este artista bávaro también comienza a generar los cimientos basales de la futura Academia de pintura de Chile (fundada en Santiago el año 1849), institución erigida como una herramienta del gobierno de Manuel Bulnes, para dar fomento a las artes, pero también con la doble finalidad de ser una herramienta para la conformación de una nueva nación con fuertes bases republicanas y de moralidad cristiana. Estos últimos deben ser entendidos como potentes elementos de conformación de identidad.

“Hay, de hecho, una clara relación entre el concepto de nación y la percepción del paisaje como elemento significativo, una perfecta sincronicidad entre la aparición de la nación como aglutinante de la identidad colectiva y la percepción del paisaje. Esto explicaría la obsesión de todo nacionalismo por definir un paisaje nacional, aquel capaz de expresar como ningún otro el alma de la nación, y por la existencia de fronteras nacionales.”[3]

"El Puerto de Valparaíso" - J.M Rugendas

“El Puerto de Valparaíso” – J.M Rugendas

Los artistas en Chile a mediados del siglo XIX practicaban el paisajismo como un discurso claro de construcción de identidad, pero también como un elemento comercial, puesto que el paisaje como creación plástica se estaba volviendo popular, una moda dentro del mundo de exhibiciones artísticas como lo fue el “Salón oficial de Bellas Artes” impulsado desde 1880 por el insigne Pedro Lira, en el cual abundaban los paisajes. Chile “por su naturaleza, tiene que ser tierra de paisajistas”[4]. La construcción de nuestra identidad a partir del paisaje ya estaba en desarrollo.

Texto escrito por: Área de Mediación y Contenidos.

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[1]“Gestión del paisaje: Manual de protección, gestión y ordenación del paisaje” –  Busquets, Jaume; Cortina, Albert. Barcelona – 2009    
[2]“Escritos de Don Manuel de Salas y documentos relativos a él y a su familia”. Introducción de Juan R. Salas, Tomo 1, Universidad de Chile. Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, Pág. 152.    
[3]“Nación, identidad nacional y otros mitos nacionalistas”, Pérez Vejo, Tomás,  Ediciones Nobel, Oviedo, 1999, p. 81.    
[4]“Geografías urbanas, arte y memoria colectivas: el centenario chileno y la definición del lugar”. Cortés, Gloria; Herrera, Francisco. En Revista de Historia Mexicana, N°237 – Vol° IX – Colegio de México 2010.    

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